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Bandera de Colombia alzada por protesta en contra de asesinatos en Colombia

El miedo como arma del nuevo orden en Colombia

El sacrificio humano no pertenece únicamente al pasado, pues el poder moderno ha perfeccionado sus métodos; convirtiendo una muerte en estadística, una comunidad en costo económico y una tragedia en una necesidad política.

El terremoto de Colombia con 7,4 de magnitud, ocurrido en agosto de 2026 nos hace cuestionarnos ¿cuántas vidas está dispuesto el poder a considerar prescindibles?

Desde una lógica social, el sacrificio humano sigue existiendo en el capitalismo; las vidas pueden terminar subordinadas a la acumulación, la rentabilidad, la búsqueda de estabilidad y la continuidad de un sistema. Pero esta subordinación no termina necesariamente en la muerte. También puede prolongarse en las condiciones psicológicas que quedan después de ella.

El miedo, la sensación de desamparo, el sufrimiento y la muerte no solamente destruyen, sino que paradójicamente pueden ser utilizados como una forma de alimento.

Una tragedia transforma el entorno material, pero también transforma la percepción de quienes sobreviven. La psicología política enseña que las sociedades sometidas a amenazas constantes pueden modificar su percepción del riesgo, ya que cuando el miedo se convierte en una experiencia colectiva, las personas pueden aceptar medidas que, en circunstancias normales, exigirían mayor discusión, esto ocurre no por ingenuidad sino por el miedo que modifica las prioridades:

amenaza → miedo → necesidad de protección → concentración de autoridad → manipulación del relato → normalización de la excepción → consolidación de poder → reproducción del miedo

Desde otra perspectiva:

amenaza → miedo colectivo → acumulación emocional → egregor → retroalimentación del miedo → consolidación del poder → reproducción del miedo

Desde la psicología, podemos hablar de trauma colectivo, desde la política, hablamos de concentración de autoridad, desde el esoterismo, algunas tradiciones interpretarían esa acumulación emocional como la formación o fortalecimiento de un egregor.

Son tres lenguajes diferentes para observar un mismo fenómeno: el miedo que deja de ser solamente una emoción y comienza a organizar la conducta colectiva; así es como el miedo alimenta el relato; y el relato alimenta el miedo.

Es aquí donde la geopolítica deja de ser algo distante

Gaza, Israel, Estados Unidos, y Colombia nos permiten observar como las alianzas militares, los conflictos territoriales, la inteligencia, las armas y las decisiones de los Estados son realidades materiales aparentemente distintas, pero el miedo es la dimensión que las une.

Pero si egregor del miedo puede organizar a una sociedad, otras emociones sostenidas en la consciencia a través del tiempo también pueden hacerlo.

Si existe un egregor que debemos alimentar, que sea uno diferente: Por eso, después de un desastre, debemos trascender el miedo entendiendo que no somos las víctimas permanentes de la historia, no somos sacrificios destinados a sostener sistemas que no elegimos.

Buscamos un héroe en podios, en libros, en las estrellas, olvidando que el villano y el salvador duermen en nuestra misma cama, olvidando que el mundo no se destruye por falta de héroes, sino por exceso de miedo...

Debemos divisarnos no únicamente como espectadores, sino como la humanidad que sobrevive a los imperios.

Egipto cayó. Roma cayó. Los grandes imperios coloniales cayeron. Los imperios que alguna vez parecieron invencibles terminaron enfrentándose a aquello que todos los poderes terminan enfrentando: el paso del tiempo, la resistencia de los pueblos, el caos de la entropía disfrazado de orden y el límite de su propia capacidad de control.

¿cuánto tiempo puede sostenerse un sistema basado en el miedo después de que quienes vivieron bajo él entienden que ‘‘quien siente amor no siente miedo”?

Quizá el terremoto no sea una prueba de Dios para Abelardo, quizas es una confirmacion de una verdad que ningún poder puede ocultar porque yace oculta en nuestros corazones: cuando las estructuras fallan, son los propios pueblos quienes terminan sosteniendo a los pueblos, porque el capital puede calcular pérdidas; mientras un pueblo puede salvar vidas.

¿seremos capaces de reconstruir una humanidad donde ninguna vida tenga que ser sacrificada para que otra pueda vivir?

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